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6 de noviembre de 2009

DELANTERAS MÍTICAS: SUKER Y MIJATOVIC

Por Daniel Somolinos

Si hablamos de delanteras míticas, no podía faltar en este apartado la pareja madridista Suker – Mijatovic.

El jugador croata fue el primer fichaje de la era “Lorenzo Sanz” como presidente del conjunto blanco. Suker militaba en las filas del Sevilla, y fue traspasado al Real Madrid por poco más de 600 millones de pesetas. Su etapa como madridista fue corta pero intensa (1996-1999), ya que ganó una liga y una Supercopa con Capello como entrenador y fue una de las piezas clave para que el club merengue consiguiera la “Séptima” Liga de Campeones.

Pese a ser un jugador importante en la historia del Real Madrid, salió del club por la puerta de atrás, debido a un descenso de su condición física y sus disconformidades con el técnico John Benjamin Toshack. Tras su periplo en el club blanco, Suker se marchó a jugar en la liga inglesa (primero en el Arsenal FC y después en el West Ham). Tras ésto terminó su brillante carrera de futbolista en Alemania, en el 1860 Munich.


Por otro lado tenemos a Predrag Mijatovic, un futbolista muy querido por los aficionados madridistas. El montenegrino será recordado siempre por marcar el gol de la victoria en la final de la Liga de Campeones de 1998 ante la Juventus de Turín que supuso la Séptima Copa de Europa para el conjunto blanco. Mijatovic amortizó los 1.200 millones de pesetas de su cláusula de rescisión con goles, carácter y esfuerzo, agradando a un equipo y a una afición entregada. En el club blanco ganó una Liga, una Liga de Campeones, una Supercopa de España y la Copa Intercontinental.


Tras abandonar el Real Madrid, Mijatovic se subió al barco de la Fiorentina y puso rumbo a la Calcio, donde no conseguiría cosechar los mismos triunfos que conquistó vestido de merengue. El día 3 de julio de 2006, fue nombrado Director de Fútbol del Real Madrid, formando parte del equipo de Ramón Calderón, un cargo que duraría hasta el 20 de Mayo de 2009, día en que rescindió su contrato de mutuo acuerdo con el club.



El momento más grande que han vivido ambos jugadores juntos con la camiseta blanca se dio el 20 de mayo de 1998, en la final de la Copa de Europa disputada ante la Juventus de Turín en el Ámsterdam Arena. Ese día, el Real Madrid se hizo con su séptimo trofeo, un título que llevaban esperando desde hacía 32 años. El partido fue bastante igualado. La mayoría de personas señalaban como favoritos a la Juventus de Zidane, Del Piero, Davids o Inzaghi, inclusive los propios jugadores del Madrid una semana antes del choque.


Al principio del encuentro, fue el equipo de Turín quien tuvo las ocasiones y el control del balón pero, poco a poco, el porcentaje de posesión se fue igualando. Hubo que esperar al minuto 66’ para que Pedja Mijatovic metiera el único gol del encuentro, y se convirtiera así, en el hombre de la “Séptima”.


Aquí dejo un video – documental donde podrán ver con más detalles como Pedja y algunos jugadores del Madrid de entonces vivieron aquella agónica final.





28 de mayo de 2009

DELANTERAS MÍTICAS: BEBETO Y ROMARIO

Bebeto y Romario formaron una pareja inolvidable que perdurará siempre en la mente de los brasileños. En un contexto de gran agitación, dos jugadores brillaron con luz propia y regalaron al mundo una auténtica exhibición de fútbol. Sobresalieron por encima del escándalo de dopaje que salpicó, más bien empapó de lleno, a Maradona,de las críticas por el lugar escogido, un país sin tradición futbolística o del irracional asesinato de Escobar tras la eliminación de Colombia. Los atacantes brasileños fueron los grandes protagonistas del torneo. Salenko, Hagi, Stoichkov o Klinsmann completaban el reparto.

Bebeto fue un delantero que se valió de la magia como su mejor arma. Sus carreras cortas y sus regates eran desconcertantes para las defensas, y era capaz de inventar cualquier jugada. Con una gran definición, era también un gran creador. Un jugador muy elegante, que hacía jugar a todo el equipo y que podía desempeñar el papel de centrocampista. Buen tirador de faltas y poseedor de una técnica extraordinaria. Vivió sus mejores momentos en el Deportivo de la Coruña, siendo a veces criticado por no jugar en un equipo mayor.

Romario ha sido un '9' puro
. Esperaba pacientemente en el área su oportunidad para dar un zarpazo, un auténtico depredador. Capaz de meter goles inimaginables o de inventar regates impredecibles, sólo veía el gol en su horizonte. Con una altura de 1,68 metros era imposible de marcar debido a su velocidad endiablada y su imaginación. El dudoso "hombre de los 1000 goles" no llegó a esa cifra en partidos oficiales, pero quedarse cerca ya es todo un mérito. Si Bebeto representa el fútbol, Romario el gol. Ambos tenían el mismo instinto para marcar, pero se diferenciaban en la manera de hacerlo y en su personalidad. Si alguna debilidad tenía Bebeto era su fragilidad física y psicológica. Romario, sin embargo, rebosaba confianza y se presentaba tenaz en los choques, pese a ser bastante más bajo que su compañero.

La mentalidad débil de
Bebeto fue muy criticada cuando el FC Barcelona le arrebató el campeonato liguero al Deportivo de la Coruña en la última jornada. El brasileño se negó a tirar un penalty que daba el título a su equipo. La semana anterior había errado una pena máxima y no quiso cargar con tal responsabilidad. Djukic sería el elegido de tirarlo, fallando el disparo y poniendo punto y final a las ilusiones del equipo gallego.

La participación brasileña en el Mundial de Estados Unidos fue un paseo militar. La canarinha se presentó en este torneo con un esquema más europeo. Con los dos grandes magos en la punta de ataque, en el mediocampo dominaba el músculo al toque.
Mauro Silva, Mazinho y Dunga se encargaban de recoger el balón y hacérselo llegar a los delanteros. El juego de la selección brasileña se encomendaba a la capacidad de invención de sus dos estrellas.

Sin valerse de su preciosismo habitual, Brasil fue ganando sus partidos
uno tras otro. Los holandeses les aguardaban en cuartos con la intención de dar mucha guerra, y fueron los únicos que lo consiguieron. Tras adelantarse los amarillos por dos goles a cero, cuando todo parecía terminado, dos goles consecutivos del gran Bergkamp y de Aaron Winter pusieron el empate en el marcador, haciendo temblar a todo Brasil. Finalmente, Branco marcaría la diferencia con un cañonazo imparable. Suma y sigue. La flamante Suecia de la fase de grupos ni siquiera se dejó ver en las semifinales. El partido se resolvió con un único tanto de Romario casi al final. Pudieron caer varios más, pero el portero sueco lo impidió realizando una magnífica actuación.

Y llegó el momento de la peor final de la historia de los mundiales
. Los dos combinados más poderosos por tradición se enfrentaban en el estadio Rose Bowl de Los Ángeles. Brasil llegaba a la final con un juego contundente pero alejado de su filosofía. Italia peleaba por el título tras una penosa trayectoria con más sufrimiento que alegría. La peor versión del fútbol se enfrentaba al lavado de cara de la mejor. Pero el duelo fue insufrible. Una final se resolvía por primera vez en la tanda de penaltis tras ciento veinte minutos de aburrimiento y bostezos. Tanto Romario como Baggio fueron neutralizados por sus defensores, fue de lo único que se preocuparon los dos equipos.

La balanza se decantó desde el punto de penalty. Brasil se adjudicaría su cuarta Copa del Mundo tras los fallidos lanzamientos de
Baresi y Baggio, auténticos pilares básicos para los azurri. Italia disputó una final como más le gusta hacerlo, 0-0 y alos penaltis, pero así no se gana siempre. Brasil se distanciaría con cuatro conquistas el año que menos fiel fue a su estilo. Una final para olvidar... Durante su andadura en Estados Unidos, Bebeto y Romario anotaron 3 y 5 goles respectivamente. Fueron los autores de 8 de los 11 tantos que realizaría su equipo. Pese a que Romario no pudo hacerse con el trofeo de máximo realizador, esta pareja de atacantes fue lo que mejor sabor de boca dejó en los aficionados. Dos personas muy distintas fuera del campo, pero en el terreno de juego formaban una misma máquina.

Fotos: www.trivia.es, www.donbalon.es, www.soccerline.co.kr

29 de marzo de 2009

DELANTERAS MÍTICAS: ANDY COLE Y DWIGHT YORKE

La dupla más mortífera de finales de los años noventa estaba formada por dos jugadores a los que costaba distinguir entre sí, Andy Cole y Dwight Yorke. Uno británico, el otro de Trinidad y Tobago, tenían una afinidad especial. Siempre sabían lo que iba a hacer el otro, parecían conectados por una extraña telepatía. Formaron una delantera con mucho gol y una vertiginosa velocidad.


Andrew Cole llegaba al Manchester en enero 1995 procedente del Newcastle. Mientras pertenecía a los ‘diablos rojos’ conquistaría cinco títulos de Liga consecutivos, así como el famoso triplete de 1999, en su primer año junto a Dwight Yorke. El punta inglés se marcharía de Manchester con un registro de 93 dianas en 195 encuentros. Su salida coincidió con la llegada de nuevas estrellas, como Ruud Van Nistelrooy. Únicamente Alan Shearer ha anotado más tantos en la Premier League que Andy Cole. El ariete blanquinegro anotó un total de 261 goles frente a los 187 de Cole. Tras su época dorada, probó en las disciplinas de Blackburn, Fulham, Manchester City, Portsmouth, Birmingham y Sunderland entre otros, pero su llama se había ido apagando.


En la temporada 2007-2008 se reencontró con su amigo Yorke en las filas del Sunderland, bajo las órdenes de Roy Keane. El irlandés intentó revivir el pasado, juntando de nuevo a las dos viejas glorias, ambos con 36 años, pero los años pasan para todos.


Dwight Yorke jugó para el Manchester United durante cuatro años. Nombrado en algunas ocasiones como ‘smiling assasin’ (asesino sonriente), se caracterizaba por su potencia, su inteligencia y su letal disparo. Llegó al United procedente del Aston Villa, donde había permanecido nueve temporadas, y contribuyó a la consecución del triplete en su primer año. En su etapa como jugador rojo demostró que sabía hacer daño, anotó 47 goles en 96 partidos. Tras su estancia en Australia, en la actualidad Dwight juega en el Sunderland desde 2006. El futbolista de Trinidad y Tobago ya no posee la velocidad endiablada de sus días en Manchester, por lo que aporta su calidad y su experiencia reconvertido en centrocampista. Si bien su ex-compañero Cole ya ha colgado las botas, Yorke aún exprime sus últimos momentos en el fútbol. Todo un ídolo que llevó a la selección de su país a disputar la fase final de un Mundial en 2006 de la mano de Leo Beenhakker. Una auténtica proeza.